Los habitantes de uno y otro lado del Pirineo, utilizan en sus respectivas lenguas una serie de términos para designar lagos de alta montaña, así en Aragón se dice Ibones, en Cataluña y Andorra estany, en el Val d´Arán es estanh y en Occitania se les nombra como boum, denominación exclusiva para reseñar lagos de origen glaciar



La flora de los lagos forma a lo largo de las orillas unos cinturones cuya composición varía en función de la profundidad y de las características del agua (temperatura, riqueza en materia orgánica y, sobre todo, acidez o basicidad). En la parte menos profunda, crean helófilos, cañas, castañuelas, espadañas, junto con sagitarias, lirios amarillo, umbeliferas o ramúnculos. En la zona más interior , más profunda, hay limnófilos, plantas fijadas al lodo y cuyos órganos están totalmente sumergidos (de los generos Potamogeton, Chara, Myriophyllum) o son flotantes (hojas): Potamogeton, Trapa, Ranunculus, especies que florecen también al aire libre. También puede haber una vegetación flotante superficial.
Como podemos ver los lagos de alta montaña constituyen ecosistemas de gran fragilidad que merecen su protección (la colmatación de los lagos por la acumulación de limo y la flora interna los puede llevar a su extinción). El Pirineo y sus lagos, como una parte más de ese bello y único ecosistema, debería tener una protección especial e integral para que no se produzcan más abusos, para que puedan ser conservados y preservados para futuras generaciones como mensajeros de una evolución equilibrada y respetuosa con nuestro medio ambiente.
Julio Bielsa Puértolas

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