Me gustaría todas las semanas escribir un texto en el blog que fuese interesante, y hoy se me ha ocurrido hablar de las migas.

Hace años los pastores subían a puerto con el ganado bien fueran ovejas o vacas, por regla general no llevan mucho en sus alforjas, pan, cebolla, ajos, y algo de embutido, solían llevar jamón o cecina, otro día os hablare de la cecina y el salon, algunos por no decir todos, acudían a pasar la noche en algún refugio, como ahora ocurre con los montañeros, pero entonces los refugios estaban para que se guarecieran de las tormentas y las lluvias los pastores.
Pues bien en estos refugios tenían un camastro, con paja o algún colchón de lana una chimenea para poder hacer algo de fuego y solía haber una estantería donde se dejaban útiles para la cocina, una caldereta, sartén de hierro, algún cubierto de boj, incluso alguna taza de porcelana esmaltada, pero eso no era importante porque todos llevaban, el paraguas muy importante, una chaqueta para abrigarse, algunos llevaban pieles de cabra o de oveja curtida, la navaja y una buena bota con vino, de la leña no se preocupaban porque siempre había algún taco para poder encender.
cuando no tenían que echarse a la boca, con el pan seco cortado con mucho arte, fino y untado con un diente de ajo, preparaban las migas en un trapo para poderlas despues guisar.
Sebo de oveja no faltaba nunca, cuando alguna se despeñaba, o caía y se quedaba coja, el pastor la sacrificaba para que el animal no sufriera, por eso nunca les faltaba oveja seca o grasa para cocinar. Cortaban el sebo a trozos muy pequeños y los ponían en la caldereta a deshacer, si tenían añadían tocino blanco también a trocitos y allí ya desecha la grasa ponían ajos, sin que se quemaran, pero si los doraban, se quitan los ajos, al gusto y se le pone abundante cebolla cortada a trozos no grandes, lo que hace buenas las migas es la cebolla, pues las suaviza y las hace mas amorosas, si se tenia una patata pequeña se le echaba como para tortilla pero no era lo normal, así que cuando ya estaba la cebolla cocida añadían agua al guiso y seguidamente el pan cortado en migas, se le ponía sal y a darle vueltas con mucho cariño, hasta conseguir que estén todas untadas, cuando se ponían doradas se quitan del fuego y ya están, las comían acompañadas de cebolla en ensalada y con cuchara de madera, si había mas de un pastor a rancho, no en plato, de esta manera no se enfrían, y un buen trago de vino para hacerlas bajar, os aseguro que son exquisitas.
tags: aventura

No Comments
Dejar un comentario